La VERDAD sobre los CONCIERTOS ONLINE

En el 2020 hemos visto como cuantiosas instituciones públicas han tratado de lanzar una oferta online como medida de respuesta al COVID-19. Este virus ha paralizado teatros y auditorios de todo el mundo, los cuales se han visto incapacitados a la hora de mantener sus programaciones habituales con conciertos abiertos al público.

Por otra parte, muchísimos artistas han aprovechado para lanzar conciertos particulares a través de las distintas redes sociales. Esto ha permitido mantener activa a la audiencia y, por supuesto, ha ayudado a aumentar el número de seguidores de estos artistas.

Luego han habido otro tipo de iniciativas, como los famosos videos colaborativos, entre miembros de distintas agrupaciones y que son grabados individualmente para después juntarlos a través de algún programa de edición de videos. La verdad es que se han llegado a ver verdaderas obras de arte en este tipo de iniciativas.

Lo cierto es que el artista ha tenido que agudizar el ingenio si quería mantenerse vivo entre tanta oferta online de la que hemos podido ser partícipes y esto ha permitido que los días de confinamiento pudieran llevarse más apaciblemente entre la población.

Después de estas repuestas por parte de artistas y público a la extraordinaria situación, la pregunta que me acecha es: ¿hemos aprendido algo de todo esto o simplemente nos hemos adaptado para luego volver a como estábamos antes de la pandemia?

«El artista ha tenido que agudizar el ingenio si quería mantenerse vivo entre tanta oferta online de la que hemos podido ser partícipes»

Recuerdo la incertidumbre con la que se vivieron los inicios del Digital Concert Hall de la Filarmónica de Berlín. En 2008, y bajo el patronazgo (hasta 2016) del Deutsche Bank, nació una plataforma de conciertos online bajo la guía de Sir Simon Rattle (siempre he considerado que este hombre es un avanzado a su tiempo) y que se ha convertido en una de las principales fuentes de financiación de la institución berlinesa. Actualmente, el Deutsche Bank, ya no es sponsor de esta iniciativa, sino de los proyectos educativos de la Filarmónica.

Está claro que el hecho de ofrecer conciertos online ya no es una novedad 12 años después del nacimiento del Digital Concert Hall, por lo tanto, ya no buscamos una innovación en nuestras instituciones culturales sino, subsanar una necesidad sobrevenida por la situación actual.

En este contexto, son muchas las preguntas que nos debemos hacer a la hora de adaptar nuestras instituciones culturales al terreno digital, las principales serían ¿cómo podemos ser útiles para el público? ¿qué es lo que busca y cómo lo busca? ¿hay algo que nos diferencie del resto de instituciones? y, por supuesto, establecer una estrategia a medio plazo para que este servicio sea autosuficiente económicamente.

Siempre consideraré que la energía desprendida en un concierto en vivo es imposible que pueda superar la barrera tecnológica. Aunque tenemos la suerte de disfrutar de tecnologías de video y audio que son capaces de reproducir hasta el más diminuto detalle, existe ese factor presencia que nos obliga a estar completamente concentrados en lo que estamos escuchando ya que el sonido reproducido en ese momento exacto, no volverá a reproducirse de la misma manera.

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